sábado, 27 de junio de 2020

In memoriam

Nací año y medio después del final de la guerra, si bien en mi ciudad había terminado mucho antes. Fui la tercera hija de mi madre; la segunda no sobrevivió.

El trabajo de mi padre nos llevó a cambiar de ciudad a mis seis años. Tuve una infancia y adolescencia relativamente felices, aunque con una carencia especialmente marcada: el no poder cursar estudios superiores. Se intentó, pero las monjas solo becaban a las futuras novicias y pronto vieron que no era mi caso.

Me enamoré en el verano de mis veinte años de un hombre natural de mi ciudad de adopción que entonces vivía en otra. Nos presentaron durante sus vacaciones unos amigos comunes. Él, con treinta y un trabajo, supo atraerme, convencerme para hacernos novios y, en las dos veces que nos vimos en los meses posteriores, para casarnos recién estrenado el año siguiente.

En los noviazgos de entonces, cortos o largos, las parejas se conocían poco. Luego nos descubrimos bastantes diferencias pero las similitudes y la voluntad nos mantuvieron unidos. Fue difícil sacar adelante a cinco hijos con un solo sueldo.

Los adoraba, pero quise trabajar además de ser esposa, madre y ama de casa. Tuve una primera experiencia, fugaz por las circunstancias y los prejuicios, también de mi marido. Al ir creciendo los niños, volví al instituto para sacarme el COU y la Selectividad. Tenía la edad de mis profesores. Empecé Físicas pero los horarios eran demasiado exigentes. Más adelante elegí Imagen y Sonido y me licencié en la misma época que mis hijos mayores.

Conseguí trabajos, temporales, algunos de varios años. Me descubrí capacidades nuevas, me encantó conocer gente y me enorgulleció cada muestra de reconocimiento. También hubo momentos malos, duros, pero los obviaré.

Varias enfermedades de mi marido, ya independizados los hijos, me llevaron a dedicarle la mucha atención que necesitaba. Nuestros últimos años juntos fueron bastante felices pese a todo.

Le perdí repentinamente. Me quedé sola en casa y me sentí sola en la vida. Necesitaba ver más a mis hijos y nietos, hablar con ellos a diario, hacer cosas juntos. Ocurría, pero no tan a menudo como yo deseaba, para mi tristeza.

Morí en una de esas ocasiones en que estábamos juntos. También de repente. Seguramente sin darme cuenta de que ya no recuperaría el conocimiento nunca más. Ni mi marido ni yo pensábamos que hubiera nada después. Viviré en el recuerdo de quienes me amaron.


Con esta autobiografía imaginaria de mi madre, a modo de homenaje, participo en los #relatosMadres de @divagacionistas

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