lunes, 25 de febrero de 2019

Un sólido recuerdo

Se besaron por primera vez en la playa del pueblo donde veraneaban los dos. Tenían trece años y el futuro era una incertidumbre mayor que el océano frente a ellos, pero aquella tarde solo les importaba el presente. Junto a las piernas de él ella vio una piedra redondeada y pulida por las olas, blanca con una veta gris, lo bastante pequeña como para caber en el puño cerrado y lo bastante grande como para escribir en ella los nombres de los dos. Días después, cuando se despidieron con la voz llena de lágrimas, se la dio mientras prometía volver el verano siguiente.

Eran tiempos de distancias casi insalvables, sin móvil, sin whatsap, sin correo electrónico. Sin embargo, los amores sobrevivían a las ausencias. Un año después se reencontraron y la piedra cambió de manos. En los meses siguientes fue ella quien guardó el recuerdo sólido en su mesilla de noche, sintiéndole a su lado cada vez que leía ese "Jorge e Inés, Chiclana 1982".

Llegó el verano de los quince años. La piedra volvió a cambiar de dueño por última vez. La vida era demasiado mutable para guardar ausencias y ese otoño él se enamoró de una compañera de instituto. Al siguiente agosto sus padres le dejaron quedarse en Madrid, donde ella estudiaba para la recuperación de septiembre.

Años más tarde, cuando se mudaba a su nuevo piso días antes de casarse con una colega del trabajo, vio la piedra en el fondo de un cajón. No sabía si llevársela, dejarla en casa de sus padres, enviársela a ella por correo o tirarla. Finalmente le pudo el sentimentalismo: la metió en una cajita y la puso en una estantería, detrás de los álbumes de fotos, donde sabía que la volvería a olvidar.

La vida siguió su curso. Un día se cruzaron los dos, Jorge e Inés, en el estreno de una obra de teatro. El trabajo de ella la había llevado a instalarse en Madrid. Intercambiaron teléfonos.

Nunca se llamaron pero él sacó una foto de la piedra y se la mandó por whatsap. Ella le respondió con otra de una piedra casi idéntica, con las mismas palabras escritas, y una frase: "Fue demasiado bonito como para fiarlo solo a mi memoria."


Este relato participa en la convocatoria #relatosPiedras de @divagacionistas

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